Lula acaba de legalizar a los `okupas´ de la Amazonia. La recién aprobada Medida Provisional MP 458 da títulos de propiedad a personas que en los últimos años se apropiaron ilegalmente de 67,4 millones de hectáreas de tierra pública. En Brasil, el fenómeno es conocido como `grilagem`. Antiguamente, se colocaban los títulos de propiedad en una caja con grillos, para oscurecer los documentos. La grilagem es la punta del iceberg de la devastación. El Brasil registrado en las notarías sea al menos 1 millón de kilómetros cuadrados mayor del real (dos veces la superficie de España). Por eso, los únicos beneficiados por la nueva ley de Lula son los latifundistas. Existen incluso fantasmas inventados por empresas que poseen miles de kilómetros cuadrados. La `terra grilada´エ favorece un expolio amazónico que comenzó en los años setenta, cuando el gobierno incentivó la conquista de la selva con la frase “una tierra sin hombres para hombres sin tierra”. El expolio continúa. Aunque la deforestación va moderando sus cifras (en mayo, 123,73 kilómetros, frente a 1.096 de 2008), la masacre amazónica continúa. En la actualidad, la Amazonia tiene 100.000 kilómetros de carreteras ilegales, diez veces más que las oficiales. Y el tráfico de madera, el ganado y recientemente la soja se han convertido en los verdugos del mayor pulmón del planeta. Sin embargo, los grandes perdedores de la historia amazónica son sus habitantes. En cada recodo, en cada camino, emerge una villa miserable. Un pueblo explotado y castigado por los poderosos. Sin recursos, sin alternativas.
Residí más de un año en la Amazonia (con base en la ciudad de Belém). Y recorrí a lo largo de cinco años sus rincones. El fotógrafo André Vieira, World Press Photo 2009, tiene un formidable retrato de los habitantes amazónicos cercados por la destrucción y la masacre. Los habitantes de la jungla, víctimas y verdugos al mismo tiempo, apenas quieren sobrevivir entre la jungla.