São Paulo,
la urbe antropofágica.

texto: Bernardo Gutiérrez
Fotos: Carlos Cazalis
www.cazalis.org

Descomunal, salvaje, caótica, elegante, sofisticada, indomable, cosmopolita, caníbal. Con 11,1 millones de habitantes (19 de área metropolitana), São Paulo es la mayor ciudad de Brasil. Y el verdadero corazón económico de América Latina. Su Complejo Metropolitano Expandido (de casi 30 millones de habitantes) genera el 30% del PIB de Brasil. No obstante, la consultora Skyscraper City sitúa a São Paulo desde 2006 en lo más alto del ranking de ciudades apropiadas para invertir en América Latina, por delante de Santiago de Chile, Monterrey y Miami.

Quizá por ello, São Paulo reúne el 58% de las familias ricas de Brasil (unas 450.000). Tampoco es casualidad que en la Bolsa de Valores de São Paulo (Bovespa) coticen 400 empresas, se realicen 85.000 negocios por día y se muevan 145 millones de dólares semestrales. Todo cabe en São Paulo. Inmigrantes de todo el mundo. Ritos indígenas. Una poderosa herencia japonesa. Conexión africana. Y mucha sangre europea.

El escritor Italo Calvino, en su libro Las ciudades invisibles, hablaba de una urbe, Zenobia, en la que las casas se situaban a distintas alturas, sobre zancos, y estaban comunicadas por aceras colgantes. São Paulo es Zenobia, ciudad de alturas imposibles y planos oblicuos y/o paralelos.

Metafóricamente, São Paulo es más Zenobia todavía. Por el cielo de la urbe sobrevuelan los ejecutivos en helicópteros (la ciudad tiene 260 helipuertos y es la única del mundo que cuenta con controladores aéreos dentro de un área urbana). Pero al mismo tiempo, São Paulo cuenta con más de 10.000 mendigos. Y con un cinturón de favelas paupérrimo.

El fotógrafo Carlos Cazalis, World Press Photo 2009, retrata a la perfección esta urbe horizontal, de estratos separados, paralelos, que casi nunca se mezclan. Por un lado, los ricos, aislados en sus guetos exclusivos. Por otro, los desheredados, que ocupan edificios abandonados o viven sin abrigo en la calle. São Paulo resume así como ninguna ciudad el mestizaje brasileño, el caos/mezcla. Y el movimiento antropofágico que Oswaldo de Andrade anticipaba en 1928: “Fue porque nunca tuvimos gramáticas ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental”.

 

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